Marco Muñoz: Por qué no volver a la “oficina del pasado”

 

CEO de IT-Talent analiza pros y contras de un eventual retorno al trabajo presencial.

El trabajo remoto llegó con la pandemia y se quedó. En un mundo que de un día para otro se vio obligado a encerrarse en sus casas, la exigencia de seguir funcionando hizo que todos tuviéramos que trasladar la oficina al hogar.

Pero este quiebre de paradigma no fue solo de trasladar un escritorio de un lugar a otro. De lo que estamos hablando es de pasar de un espacio fijo a la libertad de poder trabajar desde cualquier parte del mundo.

Sin embargo, son muchas las empresas que insisten en volver a la modalidad “presencial”. Un título que parece muy moderno pero que encierra una forma anticuada de pensar, que termina causando conflictos al interior de las organizaciones que pueden ser totalmente evitados.

Sin mencionar el costo de cumplir con las normas sanitarias y estar siempre en la incertidumbre de cuánto durará la presencialidad, pensando en que la pandemia fluctúa entre ola y ola.

La primera oficina como tal fue fundada el 31 de diciembre de 1600 por la Compañía Británica de las Islas Orientales. En ese lugar una fila de trabajadores se hacían cargo de la contabilidad y la administración de la empresa.

Así, el modelo se fue replicando y aunque su forma de trabajo se fue modernizando con la llegada de los computadores personales, y luego Internet, el gran cambio lo trajo la pandemia.

 "... una nueva forma de trabajar, con empleados más productivos y felices, llegó y no se irá más."

La pregunta es ¿se trata de una evolución del lugar de trabajo o de su fin? Me arriesgo a decir que se trata de esto último. Los diferentes planes de “volver a la normalidad” en muchas empresas incluyen modelos híbridos (donde se va algunos días u horarios y los otros no), y otras variantes, donde ninguna corresponde a lo que teníamos hace dos años atrás.

Un estudio hecho a mediados de 2021 en Estados Unidos reveló que el 44% de las personas que trabajaban desde casa en enero de ese año querían continuar con ese esquema porque les beneficiaba.

Estamos hablando de trabajadores que, pese a que se vieron obligados a adaptarse a este cambio repentino, descubrieron beneficios de calidad de vida que antes no tenía: el hecho de no tener que desplazarse de su hogar al trabajo, permite dedicar ese tiempo a compartir con la familia, comer con la familia, ir al gimnasio, estudiar, entre otras actividades que mejoran la calidad de vida.

Desde ahí la reticencia a volver a una oficina a realizar la misma labor que se hace en forma remota sin problema. Según cifras del Benchmark Profesionales TI Latam, realizado por IT-Talent Research, el 44% de los profesionales TI no están dispuestos a trabajar 100% presencial; el 36% de ellos tienen mejores sueldos que a comienzos del 2020, y el 75 % de los profesionales TI se encuentra trabajando de forma remota.

¿Por qué insistir entonces en la idea de volver a la oficina? Mi única explicación es lo que llamo “CEO #OLDSchool” o a la visión inflexible de querer tener un control sobre los empleados en forma física, sin entender totalmente que lo que cuenta son los resultados y no el cumplimiento de horarios.

¿Cómo se convertiría en una organización moderna entonces? Reconociendo los cambios radicales que hemos experimentado en estos dos años y que una nueva forma de trabajar, con empleados más productivos y felices, llegó y no se irá más.

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