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Gisselle Bracamonte: Más que exportar alimentos, representar a Chile

Gisselle Bracamonte: Más que exportar alimentos, representar a Chile

La directora ejecutiva de More Chile escribe a propósito de la reciente conmemoración del Día Mundial de la Gastronomía Sostenible, el 18 de junio.

El Día Mundial de la Gastronomía Sostenible es una fecha impulsada por Naciones Unidas para relevar el papel que tienen los alimentos en la construcción de un desarrollo más equilibrado, respetuoso con el medio ambiente y conectado con las comunidades que los producen.

Sin embargo, cuando hablamos de gastronomía sostenible, muchas veces la conversación se limita a conceptos asociados al consumo responsable o a las tendencias alimentarias. A mi juicio, el desafío es mucho más profundo. La sostenibilidad no comienza en la mesa. Comienza mucho antes: en el campo, en el cuidado de los recursos naturales, en las decisiones que toman los productores cada temporada y en la forma en que entendemos nuestra relación con el territorio.

Los datos muestran por qué esta conversación es cada vez más relevante. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), aproximadamente un tercio de los alimentos producidos para consumo humano se pierde o desperdicia cada año a nivel mundial.

Al mismo tiempo, los sistemas alimentarios representan cerca de un tercio de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y la agricultura utiliza alrededor del 70% del agua dulce extraída en el planeta. Son cifras que evidencian que producir alimentos implica una enorme responsabilidad, pero también una oportunidad para impulsar modelos de desarrollo más conscientes y resilientes.

En ese escenario, Chile tiene mucho que aportar. Nuestra diversidad geográfica, climática y cultural nos ha permitido desarrollar productos únicos, reconocidos por su calidad en los mercados más exigentes del mundo.

Pero el verdadero desafío ya no es solamente exportar alimentos; es exportar valor. Es demostrar que detrás de cada producto existe una historia, una identidad y una forma de producir que busca equilibrar excelencia, innovación y respeto por el entorno.

"... agregar valor ya no consiste únicamente en producir más, sino también en generar nuevas formas de expresar la riqueza de nuestros territorios a través de la gastronomía."

Los consumidores también están cambiando. Hoy quieren conocer el origen de lo que consumen, comprender cómo fue elaborado un producto y cuál es su impacto en las personas y los territorios. La sostenibilidad dejó de ser un atributo complementario para transformarse en un criterio de elección y, cada vez más, en una ventaja competitiva para quienes son capaces de integrarla de manera auténtica.

Pero ninguna transformación ocurre de manera aislada. La gastronomía sostenible requiere conectar mundos que durante mucho tiempo avanzaron por separado: productores, investigadores, chefs, emprendedores, académicos y consumidores. Cuando esa conexión ocurre, los alimentos dejan de ser simplemente materias primas para transformarse en experiencias capaces de transmitir cultura, innovación y origen.

Por eso resulta tan relevante impulsar espacios de colaboración que permitan agregar valor desde el conocimiento y la creatividad. Iniciativas que trabajamos con el instituto Culinary buscan precisamente acercar la innovación alimentaria a nuevas propuestas gastronómicas, promoviendo el encuentro entre quienes producen y quienes transforman los ingredientes en experiencias para los consumidores. Porque agregar valor ya no consiste únicamente en producir más, sino también en generar nuevas formas de expresar la riqueza de nuestros territorios a través de la gastronomía.

Esta mirada es especialmente importante para un país como Chile. Cada vez que un producto nacional llega a una mesa en Londres, Melbourne, Tokio o cualquier otra ciudad del mundo, viaja mucho más que un alimento. Viajan conocimientos, tradiciones, paisajes, innovación y el trabajo de cientos de personas que hacen posible esa experiencia. La sostenibilidad también consiste en preservar y proyectar esa identidad hacia el futuro.

En definitiva, la gastronomía sostenible nos invita a mirar más allá del plato. Nos recuerda que detrás de cada alimento existe una cadena de decisiones que involucra recursos naturales, desarrollo local, patrimonio cultural y visión de largo plazo. Y que el verdadero desafío no es solo producir mejor, sino también construir una relación más consciente entre lo que cultivamos, lo que consumimos y el legado que queremos dejar para las próximas generaciones.

Porque cuando hablamos de gastronomía sostenible, hablamos también de cómo queremos representar a Chile ante el mundo: un país capaz de innovar, de producir con excelencia y de entender que el verdadero valor de un alimento no solo está en su calidad, sino también en la historia que es capaz de contar.

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