Armando Alcázar: AI, to infinity and beyond

Director de Raíz Comunicaciones hace una reflexión acerca de las repercusiones humanas de este tipo de tecnologías y su aplicación en la actividad del marketero.

Tal como plantea la célebre frase de Buzz Lightyear, en la fantástica saga de Pixar “Toy Story”, la AI se ha situado al centro del debate precisamente porque ha abierto infinitas posibilidades.

Sin dudas, hoy estamos en presencia de uno de los desarrollos más relevantes de las últimas décadas con alto impacto en la humanidad, tanto como pudo haber sido en su momento la invención de la electricidad o la penicilina por nombrar algunos.

Cuando uno comienza a meterse en este universo tecnológico, resulta sorprendente el “todo lo que se puede hacer”, como si hubiese un elemento mágico que logra establecer relaciones de sentido bajo un ordenamiento superior que desafía la capacidad de asombro.

Basta hacer preguntas o desafiar con dilemas al famoso ChatGPT, por ejemplo, para encontrarse con respuestas que sorprenden por su calidad e integración.

Sin embargo, y más allá de todo el revuelo que se ha generado, a nuestro modo de ver la AI en su infinita capacidad de dar respuestas, también ha comenzado a generar una enorme cantidad de preguntas. Mucha de ellas tienen que ver con su impacto en “lo humano” en el más amplio sentido de la palabra.

Recientes artículos hacen especial mención a la potencial pérdida de empleos cuya razón de ser pueden ser efectivamente reemplazados por la capacidad de la AI de resolver. Lo cual aparece como un debate correcto, pero quizás demasiado pragmático cuando uno mira esto en perspectiva.

"El ChatGPT es una muestra de lo que la AI puede hacer por nosotros, pero también de lo que nosotros debemos hacer por ella."

Hay temas que surgen que son mucho más profundos y estructurales que conectan con elementos más propiamente primarios de “lo humano”. Por ejemplo, cabe tocar acá el impacto que puede tener la AI en la educación, en la creatividad y por supuesto en la ética. La AI es una tecnología poderosa que tiene un potencial transformacional inmenso.

Sin embargo, su uso ético y responsable es esencial para asegurar que se utilice para el bien común. Las marcas o empresas deben ser conscientes de su responsabilidad y deben trabajar para garantizar que la IA sea utilizada de manera justa, transparente y responsable.

Porque, por sobre todo, la guía deberá seguir siendo contar con un propósito resonante que guíe el actuar corporativo respondiendo a las mayores demandas societales.

Ciertamente, la AI hoy nos ha puesto de cara al mañana con un mar de posibilidades y dimensiones aún desconocidas. Pero el balance que se hace necesario entender y poner en el debate es su interacción con “lo humano”, de tal forma que podamos avanzar integrando y estimulando aún más las capacidades creativas, innovadoras y de aprendizaje, tanto en entornos corporativos como en nuestras propias vidas.

El futuro de la inteligencia artificial depende de nuestra capacidad de innovar y adaptarnos a los cambios tecnológicos, pero también de nuestra voluntad de dialogar y consensuar sobre los principios y las normas que deben guiar su uso.

El ChatGPT es una muestra de lo que la AI puede hacer por nosotros, pero también de lo que nosotros debemos hacer por ella.

 

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